The Devil Wears Prada 2: Andy Sachs 20 años después y cómo cambió su imagen
- Karelia Méndez

- 7 may
- 6 min de lectura
Actualizado: 8 may

Hace 20 años conocimos a una Andy Sachs que definitivamente no es la misma que vemos en este nuevo estreno. Algo más que su ropa cambió: su autoconcepto evolucionó. Te cuento todo sobre la transformación de su imagen en este artículo.
Por Karelia Méndez
Más que moda, un deseo generacional
En el 2006 fuimos testigos del estreno de una de las películas más aclamadas de nuestra generación. Y no solo porque hablaba de moda, que ya con eso nos ponía a soñar, sino porque nos causó un verdadero cortocircuito con temas que, en aquella época, no se conversaban tanto.
Lo que nos resonó a ti y a mi:
Sin saber de moda, comenzamos a ver la imagen como un punto de transformación, no se trataba de si Andy usaba las botas Chanel, sino que se vistiera con el poder y la inteligencia que sabíamos que tenía el personaje. Eso nos lleva a lo segundo:
Mujeres en roles de poder: La imponente figura de Miranda Priestly nos enseñó la complejidad de ocupar espacios de liderazgo y que a veces eso puede llevar a:
Vínculos que frenan: Vimos la importancia de soltar relaciones que ya no se alinean con nuestras metas, como el noviazgo entre Nate y Andy. Por último, El sueño de la pasión laboral: Ese deseo generacional (en el que me incluyo) de no solo trabajar por cumplir, sino de que realmente te apasione lo que haces.
En la primera entrega, ese era el talón de Aquiles de Andy: sentir que no estaba haciendo lo que le gustaba o para lo que había estudiado.

Sin embargo, la vida a veces nos enseña de formas inesperadas y a través de personas difíciles (como Emily); un poco ese efecto necesario de "rompernos para crecer". En esta ocasión, Andy aprendió desde la moda, cómo podía ser ella misma y más segura sin perder su esencia.
El suceso y la relación con su imagen
Hace 20 años, conocimos a una Andy Sachs que no sabía combinar un suéter celeste, ¡ups! perdón azul cerúleo y hace poco en el estreno, la vimos elegir por ella misma, junto a Nigel prendas de alta costura en uno de los armarios más deseados de la industria, el de Runway.
Pero guapa seamos sinceras, sin ser crueles ¿ok? Cuando vimos a Andy en las primeras escenas de esa peli ¿Qué pensábamos?...no quiero pecar, pero de seguro algo como: ¿Trabaja ahí y se viste así? ¿Tal vez podría arreglarse más? Lo que sentíamos más que crítica, era que algo no encajaba, pero ¿Qué era eso?

Andy, había pasado de ser una universitaria a ser una asalariada que llega a Runway, sin conocer cómo se movía la industria.
En ese momento, Andy no lo veía, pero su relación con su imagen no era muy amable, y no porque su estética no fuera como la de Emily, sino que no se ponía cuidado, ni pensaba en qué deseaba mostrar de ella o si al menos lo que usaba le gustaba más allá de la comodidad.
Entonces en resumen, ella venía de una desconexión de su imagen y pasa a un lugar donde lo que más importa es lo que se ve, o sea al otro extremo de la moneda.
Andy no había encontrado su estilo
La escritora llega a un lugar donde los tecnicismos de moda, no son solo la jerga, sino de vida o muerte como la escena del cinturón Entonces, pasando al plano terrenal, ¿Qué haríamos si estuviéramos en su posición?
Mis recomendaciones:
Reconoce que hay una desconexión. Para iniciar un cambio, primero tienes que reconocer que hay algo que ya no es igual. Esto puede venir desde sentir que tu personalidad o forma de pensar ha cambiado, tus gustos, hasta un cambio de trabajo o mudanza, casi similar a Andy.
No copiar, inspirar. Es válido mirar a tu alrededor y ver cómo se viste la gente, no porque vayas a copiarlas, pero si para tener contexto de lo que usan, al final la sociedad está basada en códigos, lo importante es que los uses a tu favor.
Recalculando ruta. Ok, ya reconocimos el cambio, ya observamos alrededor, ahora nos queda accionar…pregúntate qué quieres que se vea distinto: la ropa, la forma en que la usas, los colores, qué es eso que no encaja en ti y permítete explorar con nuevas cosas. ¡Como dice mi mamá, por hacer window shopping o probar no se cobra, así que go ahead!

Andy, se dejó llevar por la corriente, casi que sentimos que vendió su alma por unos lentes Ferragamo, y sí puede que tal vez usó cosas “que normalmente no usaría” pero yo no la culpo, ella se atrevió a explorar, abrió una puerta de su estilo que nunca antes había experimentado.
Eso no la hizo menos original, solo le dio perspectiva de cuáles otros estilos y tipos de prendas pertenecían con su forma de ser.
Lo que Andy nos enseña en la segunda entrega:
El estilo como identidad
Ya analizamos cómo transicionó su estilo, pero ahora la pregunta clave es:
¿Qué es lo que realmente encajaba con ella?

Ni el estilo ni la imagen son estacionarios. Luego de 20 años, no podíamos esperar verla con la misma "galluza" nerviosa ni la chaqueta marrón de su etapa de asistente; lo mismo pasa con nosotras.
Tu vida se mueve, tu trabajo cambia y, por ende, tu imagen evoluciona para acompañar a esa nueva mujer en la que te has convertido.
Los aciertos de Andy 20 años después: Seguridad sin disfraces.
El 30 de abril se estrenó en cines la secuela, y en esta entrega vemos a Andy que dejó de fingir un personaje. Aprendió a adaptar prendas que le funcionan tanto en la oficina como en su día a día, proyectando una seguridad que no viene de la marca que lleva puesta, sino de la coherencia entre quién es y cómo se ve.
El triunfo de su estilo minimalista: Mantuvo la comodidad como su base, pero llevándola con estrategia. La vemos en trajes sastres impecables, blazers y palazzos que comunican autoridad, pero con la soltura de quien se siente cómoda con ella misma.
Lujo silencioso y consistencia: El uso repetido de su collar de perlas no es casualidad; nos da una pista de su amor por lo clásico y duradero. Ya no busca impresionar con excesos, sino con piezas que cuentan su historia.
Descubriendo otros colores: En la escena (spoiler) donde Andy va a la fiesta y sale a bailar, lleva un vestido azul satinado, que no solo fue un momento "wow", sino una demostración de que conoce su paleta de estación y la usa para brillar.
Si bien Andy, ya tenía muy marcado su estilo, no tenía miedo a probar cosas nuevas. Ejemplo, en la escena de Milán, la podemos ver probando colores brillantes y mezclando te
texturas y estampados. Nuevamente, se mantenía en tonos oscuros, pero esta vez no se escondía sino que era parte de su estilo clásico.
¡Inspírate en el nuevo estilo de Andy!
Si quieres llevar este "vibe" de seguridad y lujo silencioso a tu armario, aquí te dejo 3 claves inspiradas en la película:
Invierte en un set coordinado: Un conjunto de blazer y pantalón fluido en tonos neutros es el uniforme de poder, pero al que puede sacarle mucho provecho combinandolo con otras prendas y accesorios.
Accesorios con firma: Elige un accesorio (como las perlas de Andy) y conviértelo en tu sello personal. ¿Te ha pasado que ves el anillo o el collar de tu abuela o un tipo de pendientes y te recuerda a alguien? Eso es tener un accesorio que te represente, y esta basado en tu estilo.
Texturas que comunican: Opta por sedas y satines en tus colores de poder para esos momentos donde necesitas destacar sin esfuerzo. Mi recomendación es que puedas mezclarlas con otras texturas, dan ese toque de feminidad, pero moderna.

La moraleja de Andy (y la tuya)
Al final, la evolución de Andy Sachs no se trata de cuántas marcas de lujo acumuló en su armario, sino de cómo aprendió a usar la moda como una herramienta a su favor. Pasó de ser una observadora pasiva de su propia imagen a ser la directora creativa de su vida.
¿Y tú? Si hoy sientes que ese "suéter cerúleo" ya no te representa o que estás en una etapa de "recalcular la ruta de tu imagen", recuerda que no tienes que vender tu alma para encontrarte. Solo necesitas permitirte explorar, reconocer tus cambios y, sobre todo, dejar de esperar el momento perfecto para verte como la mujer poderosa que ya eres.
Cuéntame en los comentarios: ¿Cuál de estas lecciones de Andy te resonó más hoy? ¡Te leo!
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